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Economía

Sniace cierra mientras sigue recibiendo pedidos de gran volumen

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El cierre de Sniace sigue rodeado de incógnitas que, al menos de momento, casi nadie acaba de entender, sobre todo cuando la empresa sigue recibiendo pedidos importantes y rechazando clientes nuevos. Aunque la fábrica ha iniciado la parada, un proceso técnicamente delicado y que requiere unos plazos, la planta de Celltech va a retrasarlo unos días para atender un pedido de 2.000 toneladas.

 Aún más llamativo es que la planta de Viscocel ha rechazado un pedido de fibra ignífuga de gran volumen porque ya ha iniciado la parada. Un pedido que llegaba de un cliente nuevo y que representaba la producción de varios meses de la fábrica de Viscocel.

Una parada, han criticado los trabajadores, que la presidenta y la dirección de la fábrica han decidido sin conocerse todavía quién será el administrador liquidador, que debe nombrar el juzgado, y que una vez presentada la solicitud de liquidación debe ser quien tome todas las decisiones sobre Sniace.

Unos datos que hacen para el comité aún menos entendible el aldabonazo, por lo que siguen reclamando una reunión con el máximo accionista de Sniace, el empresario asturiano Sabino García Vallina. Los trabajadores quieren saber qué motivos le han llevado a tomar la decisión aparentemente repentina de liquidar la compañía, cuando según la presidenta de Sniace, Gema Díaz Real, estaba a "un mes escaso" de salvar el proyecto con una operación de 200 millones de euros con un inversor.

Aunque la plantilla tiene muchas reservas sobre ese supuesto inversor del que habla Díaz Real, quieren que García Vallina les explique qué datos maneja para ni tan siquiera esperar al Expediente Temporal de Regulación de Empleo que tenía en marcha la empresa para ganar unos meses y ver cómo se desarrollaban los acontecimientos y ese posible acuerdo con un inversor.

El plazo del ERTE también hubiera dado tiempo para ver el contenido final de la reforma normativa sobre la cogeneración, que según Díaz Real ha sido la puntilla para Sniace, con un impacto para la compañía que cifraba en 45 millones de euros al año, a los que hay que sumar los 9 millones que supone la ruptura de Cogen del contrato de explotación de la planta de cogeneración. La reforma, recuerdan, está aún en borrador y habrá alegaciones, entre ellas las de la veintena de empresas cántabras afectadas, con lo que puede sufrir cambios.

Si a todo eso se suma que hasta el mismo jueves del anuncio de cierre seguían adelante las obras e inversiones en la factoría torrelaveguense, y que incluso la presidenta reconocía públicamente que la decisión del Consejo de Administración le había cogido por sorpresa, son entendibles las dudas del comité sobre los plazos y las formas para una liquidación que deja a más de 400 trabajadores directos en la calle y afectará a otros tantos empleos indirectos en la comarca del Besaya. No son los únicos, desde las administraciones regional y local también consideran que hay interrogantes.

Los trabajadores, en la reunión que hoy mantenían en la sede del Gobierno de Cantabria con el presidente Revilla, el vicepresidente, los consejeros de Industria y Empleo, y el alcalde de Torrelavega, volvían a pedir a las autoridades que intercedieran para que García Vallina, aunque durante los últimos meses se ha negado a la reunión que le pedían, dada la situación ahora acepte recibirlos y les aclare los auténticos motivos del cierre.