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Economía

Sniace inicia la negociación del ERE de despido para los 422 trabajadores de la plantilla

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La plantilla de Sniace comienza este martes la negociación del ERE de despido que dejará en la calle a 422 trabajadores, sin llegar a cumplir cuatro años desde que la fábrica de Torrelavega reabriera gracias a tres años de movilizaciones de parte de esos trabajadores en las calles y de lucha en todas las instancias administrativas y judiciales.

 

La liquidación voluntaria de la compañía solicitada el pasado mes de febrero manda al desempleo a la totalidad de su plantilla: 196 trabajadores de Viscocel, 136 de Celltech y 90 de Sniace SA.

La de este martes es la primera de las tres reuniones que impone la ley para la aplicación del expediente de extinción de empleo, con o sin acuerdo entre la parte empresarial, en este caso los administradores nombrados por el juez, y el comité de empresa. Dado el estado de alarma, las reuniones se celebrarán vía telemática, lo que para el comité supone una dificultada añadida a la hora de negociar las condiciones del despido.

Precisamente eso fue el motivo argumentado por el comité para pedir que se sustituyera el ERE por un ERTE de tres meses por causa de fuerza mayor para dar tiempo a recuperar cierta normalidad en la negociación, pero esa posibilidad fue rechazada de plano por los administradores.

Los administradores también han advertido que la situación de tesorería de Sniace les permite garantizar el pago de las nóminas y las indemnizaciones por despido si la negociación concluye antes del 15 de mayo, por lo que ese es ahora el objetivo de los trabajadores, ya que evitaría tener que ir al FOGASA (Fondo de Garantía Salarial) y agilizaría el cobro de lo que les corresponde.

La emergencia sanitaria del coronavirus y el decreto del estado de alarma distorsionó el proceso y retraso el nombramiento de los acreedores que deben finiquitar la compañía por parte del titular del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Madrid, donde Sniace presentó la liquidación, así como la autorización del inicio del ERE. La luz verde del juzgado la recibía el comité el pasado martes, unas horas después de la tercera reunión informal que celebraban con los administradores.

El estado de alarma también frenó las movilizaciones planteadas por el comité de empresa, que solo tuvo tiempo de mantener una reunión con el Gobierno de Cantabria para pedir una solución de futuro para la plantilla; entrevistarse también con el equipo de gobierno de Torrelavega y celebrar una concentración frente al Ayuntamiento con motivo del pleno extraordinario y monográfico sobre Sniace que celebró la Corporación la misma semana en que se decretó el estado de alarma.

Después en torno a Sniace se desató una tormenta en las redes sociales agitada por algunos accionistas minoritarios que vieron en la emergencia sanitaria y el desabastecimiento mundial de mascarillas y batas sanitarias la oportunidad de recuperar su dinero, insistiendo en que la fábrica de Torrelavega podía reabrirse para producir fibra sanitaria. Una idea que tuvo cierto eco en las redes entre algunas personas que, en un clima de pico de la pandemia y escasez de mascarillas, veían en ello la solución y además una oportunidad laboral y económica para la ciudad ante la crisis venidera.

Aunque inicialmente el presidente Revilla incidía en las dificultades legales y económicas que eso supondría –revertir un proceso judicial de liquidación y una inversión que los administradores han cifrado en 25 millones de euros-, paulatinamente y tras hablar en varias ocasiones con los minoristas, empezó a mostrarse públicamente favorable a esa posibilidad.

El jefe del Ejecutivo cántabro pasó la responsabilidad de una hipotética reapertura a Pedro Sánchez, al que envió una carta pidiendo que valorase lo que supondría para el abastecimiento de fibra para la fabricación de mascarillas sin depender de otros países, y también se lo planteó en la Conferencia de Presidentes del pasado 19 de abril, en la que el presidente respondió que pondría el tema en manos del Ministerio de Industria. El mismo lunes 20 el Ministerio comunicaba que en este momento no estaba en disposición de participar en la reapertura de Sniace.

Tres días después, se celebraba la reunión del comité con el presidente Revilla y el consejero de Industria, Francisco Martín, solicitada por la sección sindical por UGT, mayoritario en Sniace, que reclamaban que se aclarase la situación y pedían un estudio del Gobierno de Cantabria sobre las necesidades legales y económicas para revertir la liquidación, y el potencial mercado de la producción. En esa reunión, el Gobierno reconocía que la liquidación era "imparable" y apostaba por la búsqueda de un comprador que reabra Sniace y de una solución laboral a su plantilla actual. Más o menos, lo que se dijo al comité en la primera reunión con el Ejecutivo tras el anuncio de liquidación, que con la actual mochila de la deuda concursal había pocas posibilidades, y el futuro estaba en mantener la unidad productiva (que los administradores no liquidaran la empresa por partes) y que aparezca un comprador.

El único factor diferente es el que determina la situación actual, la posibilidad de que la producción de Sniace sea declarada estratégica y eso facilite la aparición de un comprador interesado en reabrir.

Así las cosas, los 422 trabajadores de Sniace y al menos otros tantos empleos indirectos, que ya estaban abocados a la desaparición en el contexto pre-coronavirus, se enfrentan a una situación harto complicada.

En el caso de la plantilla, después de un concurso de acreedores, cierre de la fábrica y despido, tres años de movilizaciones, encontrar posibilidades desconocidas y conseguir el parabién del Tribunal Supremo para la reapertura y, lo más complicado, la readmisión de todos los trabajadores; cuando tres años después Sniace se preparaba para producir una fibra dispersable pionera y se modernizaba la fábrica, llegó el portazo de los accionistas mayoritarios y la liquidación, en plena pandemia. Nunca tuvo tanto sentido la frase "Remar tanto para morir en la orilla".

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