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Opinión

Bailar los pajaritos en Benidorm

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Frederic-Larsan

Agador no entiende nada de Internet. Jamás ha tenido una cuenta de correo y dudo mucho que sepa para qué y cómo funciona. Es por ese motivo que no me inmuto cuando entra feliz en mi estudio esta tarde agitando un sobre blanco por encima de su brillante cabeza, diciendo que acaba de recibir una carta de su madre.

Le digo que se siente en el butacón de orejas enfrente de la chimenea mientras observo cómo su semblante pasaba de la alegría a la preocupación. Dejo el New York Times sobre la mesita, al lado de mi foto con Sinatra hace 20 años, y cruzo las piernas mientras espero a que me cuente lo que le preocupa.

50 Sombras de Gray

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Frederic-Larsan

Agador, mi asistente personal, cuya esbeltez y belleza es inversamente proporcional a su número de neuronas, me dijo el otro día que estaba leyendo "50 sombras de Gray". Me comentó, con su habitual parquedad propia de mentes inferiores, lo "fascinante que era", a lo que añadió que "toda la gente hablaba del libro" porque "estaba de moda".

¡Que se va la leche!

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LecheroY se iba. Cuando éramos niños, la leche no venía en brick, ni en botella, sino que llegaba a casa a granel y la traía el lechero. Luego había que hervirla, y siempre "se iba". La bronca era irremediable por dejar que la leche "se fuera".

Cuando éramos niños, había algunos personajes que eran... "como de la familia". Exactamente así. Y uno de ellos era el lechero. Llegaba todos los días a la misma hora, eso sí: excepto los domingos. Y sin quererlo se convertía en el despertador de la familia porque había que abrirle la puerta, y acercarle el cacharro para que nos dejara la medida estándar de nuestro consumo diario.

Resultado de comprar la leche al señor lechero, además de su calidad, era el disponer siempre en la nevera de una tacita con "las natas". Aquellas natas daban mucho juego; desde los bizcochos que hacían nuestras madres o los bocadillos donde las arreglábamos con azúcar, hasta vestir de auténtico lujo a las fresas (a aquellas fresas de entonces irrepetibles ahora), y sobre todo los ataques furtivos de nuestro dedo índice a escondidas y en voz baja...

Si la leche en su momento de ponerla a hervir se agarraba, el gusto a quemado se repartía de forma discrepante entre los miembros de la familia: para algunos se convertía en imposible de ser ingerida y para otros ese gusto resquemado mejoraba de largo el grato, cálido y agradable sabor del arroz con leche.

Desmayos en "Lo imposible"

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SEXO y más SEXO. Ahora que tengo toda su atención (es la única manera de recalar la atención de las mentes más débiles hoy en día), quiero contarles lo que a su vez me contó una pareja amiga durante la proyección de "Lo imposible" este último fin de semana. Prestigioso médico él, adorable y abnegada enfermera ella, observaban cómo la rubia protagonista, Naomí Watts (nada mal para quien ha tenido tres hijos, comentaba mi amigo médico), acababa de vomitar "petróleo enredado en un cordel como de algas" (o una porquería similar) que salía por la boquita de piñón de la rubia protagonista, y un italiano recorría las camas del hospital llamando a "Franchesca" desesperadamente. Justo en ese momento comenzó a oírse otros gritos desesperados: "la luuuuz" "la luuuuz", e inmediatamente, "un médicooooo", "un médicooooo".

Qué buenos son... que nos llevan de excursión

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CasanovaPara ser conductor de primera...

No todo iba a ser sufrir en el colegio. Algunas veces, hasta nos llevaban de excursión. Y la víspera no dormíamos. Aquello era de las mejores cosas que nos podían suceder, aunque nos llevaran a Villacarriedo. Pero aquello era un compendio de actividades extraordinarias, que sucedían muy pocas veces, y que alrededor de la excursión pasaban todas en el mismo día. Montar en autobús, preparar la comida y la mochila, comer fuera de casa (aunque ese "fuera" solamente guarde correspondencia con el mero espacio físico a la intemperie), ocupar el día entero, conocer sitios nuevos... Aunque ir de excursión no siempre significaba ir lejos, ni en autobús, porque en aquellos años, íbamos de excursión al malecón; si, si... ¡donde el campo de fútbol! Y para eso, preparábamos merienda (bueno, merienda... pan con chocolate).

Nos vamos de pubs (1ª Parte)

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ArtesEl recuerdo de los pubs de Torrelavega, mantiene una evolución histórica como la de los sistemas operativos y los de telefonía. Es decir, evolucionan generacionalmente.
En una primera generación 1.1, y como por generación espontánea, el "Pub a Gogó" con nuestro amigo Paco eternamente al frente, siempre presidiendo la idea. Estoy seguro que a efectos estadísticos y de rigor histórico, el "Pub a Gogó" debiera haber recibido, sin duda, la calificación de "prototipo". Cuando Dios inventó El Pub, creó el Gogó. Y seguro que fue la víspera del séptimo día... (por la noche).

Afortunadamente, uno puede presumir de haber nacido más tarde que el Pub a Gogó, que comenzó su andadura el día 4 de Enero de 1961, y se mantuvo siempre abierto hasta que Paco felizmente recibió su merecida jubilación, entrado ya el nuevo siglo. Tan íntimamente vivió ligado Paco a su Pub que siempre se le conoció, y aún hoy es así, como "Paco Gogó".

Compartieron tiempos de "Primera Generación", el Pub Lords en la Inmobiliaria, creado por "Manolo Gaviota", apodo este que recibió de su posterior Pub "La Gaviota", al que tan solo separaba del Gogó, la vuelta de la esquina en la Plaza del Grano. Posteriormente, "Manolo Gaviota" junto con Tino Cacho, abrieron el Pub El Jardín donde alojaron ese estilo limpio y blanco que recreaba la alegría de la luz mediterránea de Ibiza, destino este que en aquel momento estaba constituyendo un emblema de la libertad y de la modernidad. En este local tengo yo la primera noción de "ir a un pub", y recuerdo los precios perfectamente: los refrescos 75 pesetas y los combinados 125 con Larios y 150 con Gondon´s.

Pero nosotros éramos muy niños y solo sabíamos de aquellos lugares lo que intuíamos a través de sus puertas entreabiertas. Creo que lo que la imaginación nos hacía ver entonces (intuir, mejor dicho) es irreproducible ahora mismo, especialmente porque seguro que no era cierto. La conjunción del nuevo concepto de "Pub" sin haber transitado aún perfectamente desde su origen como "Club", aquella puerta entreabierta ocultando la oscuridad, y la mente en plena ebullición de chavales de doce años, nos causaba una atracción especial que nos obligaba diariamente a asomarnos por aquel hueco para ver lo que no era, e imaginar lo que ni tan siquiera parecía.

El Anticuario fue el Pub que dio el tránsito a la segunda generación, pero sería difícil, muy difícil, determinar si era un Pub versión 1.2 o 2.1... Lo que es cierto, es que desde la Plazuela de San Bartolomé, el Pub El Anticuario de la mano de los hermanos Peña llenó años y años, de tardes de copas y café (la presencia del café era algo novedoso en los pubs), y muchas horas también de música en vivo. Los amantes de la música en vivo entre los que me encuentro, tenemos mucho que agradecer al Pub El Anticuario, posteriormente al Bohemios durante la etapa en que lo explotó Felipe, y al Pub Charlot donde al principio de los años 80´ vino a actuar Joaquín Sabina cuando aún pisaba el suelo sin tocar la gloria. Se cuenta por ahí que fiel a su vida de crápula, Joaquín cerraba las noches del Anticuario.

Y así nació la segunda generación, que llegó a Torrelavega directamente desde Madrid y de la mano de un gran hostelero de Torrelavega y de Suances: Marcelo Fernández. Primeramente con el Pub Zapatos, en la Plaza del Grano junto con su socio Pedro Ansorena y un poco después con el Pub Mosaico, cuya decoración fue realmente impactante para todos nosotros. Fue en el Mosaico donde mi generación comenzó a hacer "vida de pub", entre plato y plato de patatas fritas con ketchup y mayonesa de "El Kontiki". Es curioso ver como El Kontiki se ha colado en este recuerdo, con la misma humildad que se colaba en nuestras tardes de juventud. El Kontiki y sus patatas, El Riojano y sus cacahuetes, El Cosechero y sus relojes, y el Español y "sus tardes de progresía"... fueron testigos de la transición desde los bares "de siempre" a los novedosos pubs cargados de marcha, watios y movida.

Desde este papel me doy cuenta de cuánto tiempo empleamos en disfrutar de aquellos puntos de música, de charla, de movida recién inventada y de evolución en nuestras vidas. Tanto tiempo empleamos, que por primera vez en mis entregas, he tenido que volver al título y escribir un "1ª Parte" sin saber cuántas habrá, porque quedan muchas generaciones de pubs y de tardes de fiesta que recordar.

(Gracias por la idea, Susana)

De Don Demetrio a Míster Lincoln (Con escala en el Puerto de Santander)

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InstitutoBesayaHaré un esfuerzo.

Si te preguntaran cuál es la diferencia de tu época de estudiante, con tu madurez de 50 años cuando estás delante de un papel, la respuesta sería sin duda que "entonces" te faltaban contenidos para cumplir con la extensión que tu profesor esperaba, y ahora te sobran contenidos para cumplir con la limitación de papel que te impone quien te invita a colaborar...

Esa es la diferencia. Cuando llegas a los cincuenta años, te das cuenta de que has llenado la mochila de vivencias, de experiencias, de conocimiento, de errores, de éxitos, de fracasos, de vitaminas del día a día.

De eso voy a escribir; de cómo llené mi mochila, y de qué cosas me dio en Instituto Besaya entre el año 1976 y 1980. Agradezco a Fernando Palacio la posibilidad de colaborar en la revista del centro con esta humilde aportación, y agradezco que haya depositado su confianza en mí para intentar plasmar en un papel, cómo considero yo que el Instituto Besaya influyó en mi vida profesional, y por supuesto en mi vida privada.

El Soraya

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SorayaTodos los que con mucho orgullo calzamos una edad entre los 52 y los 65 años sabemos que el Soraya, tenía una bola como la de la fotografía.

El Soraya fue hasta el verano del año 1.978 lo que entonces se llamaba "un club de parejas", cuando aún un club era un club; sin apellidos. Pero su dueño, Vicente, decidió aquel verano darle otra vida y convertirlo en otra cosa; sin saber muy bien cual era esa cosa. Fue pionero de aquella aventura mi hermano, y con él otros protagonistas en los siguientes veranos. Me encantaría poner nombre a todos los personajes de esta historia pero la privacidad ha cambiado mucho desde entonces ahora. Me da igual. Los que vivimos "aquellos maravillosos años" sabemos quienes fueron.

El Soraya marcó un hito en los veranos de Suances. Esos miércoles suancinos que la juventud ha celebrado y en torno a los cuales se han reunido varias generaciones, se inventaron en los veranos del 78 y 79. Entonces, mi hermano Iñaki y Quique, organizaron los "Jueves del Soraya". El más potente era el de disfraces, donde las familias enteras se agolpaban en las aceras de lo que hoy es el paseo (entonces Los Pinares), para ver pasar a los disfrazados. Era un acontecimiento y tenía unos premios en metálico que hoy serían impensables. También estaba la fiesta de blanco, emulando aquellas noches que habían nacido en Ibiza a la sombra del "jiperío".

El colegio de los curas

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ColegioLaPazEstudiar en el Colegio de la Paz es cosa del nuevo siglo. En nuestra época, quienes cursamos estudios en el Colegio de La Paz, lo hacíamos en el Colegio de "Los Curas" o simplemente en "Los Curas". Si además lo hiciste en el "Colegio Viejo", entonces eras un alumno realmente ejemplar; al margen de tu expediente.

Yo no. No conocí el colegio antiguo, salvo por las referencias de mis hermanos y algunas fotografías de esas que con un apunte de tinta corrida, un maldito doblez encima de la pertinente anotación del año escolar, o una esquina quemada, nos trae de vez en cuando a la memoria un periodo de tiempo tan especial como aquel en que fuimos al colegio.

Empezar el día "haciendo fila", después de "alinearse" para que las distancias fueran correctas entre cada alumno, y ese respeto tácito a las estaturas, nos daban un aporte de disciplina luterana, sobre la que leí el otro día parece ser se sustenta el éxito de la enseñanza pública y modélica de Finlandia. Quizá actualmente debiéramos recuperar algo de aquello, y especialmente el respeto a los profesores que entonces era absolutamente férreo.