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Cuatro Caminos

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Desde que mi amigo Guillermo me propuso depositar su confianza en mí para acompañarle en la aventura del portal "hoytorrelavega", estuve pensando cual sería la primera fotografía que iba a acompañar nuestro debut.
Para ello, pensamos detenidamente qué era lo que nos proponíamos con esta sección. Solamente sabiendo dónde quiere uno llegar, podemos determinar de dónde debemos salir. Lo teníamos claro. Queremos una sección nostálgica, que no histórica. No vamos a pretender aportar datos y más datos históricos que están en los libros a disposición de interesados y eruditos. Colocaremos una fotografía en el monitor de nuestros seguidores, e intentaremos, con unas líneas, estimular sus recuerdos. Sonidos, olores, personas, anécdotas... años de juventud, de bailes, de bromas, de tardes de fútbol, de bolera, de colegio...


Por ello, necesariamente la primera fotografía debía ser esta: "El Cruce de Cuatro Caminos" o "Cruce de Quebrantada". Ese punto de Torrelavega no solo representa la esencia del barrio donde me crie, sino que durante años, constituyó el centro neurálgico de Torrelavega. Donde estaba el guardia (y qué guardia), y por donde pasaban todos los camiones a todos los destinos. Por donde siempre pasaba la carrera ciclista, siempre. Donde sucedían los accidentes de tráfico. Nos parecía que tenía imán para los choques. En realidad era una cuestión puramente estadística. Donde los hombretones ociosos pasaban horas y horas apoyados en las señales de dirección de sus esquinas, y cuando había más de uno, constituían comisión municipal y arreglaban los problemas del pueblo.
Frenesí comercial. Bullicio de taberna y de bar. El antiguo Bar El Baturro, con su máquina de petacos de "a peseta" y su pizarra con los resultados del fútbol. Después fue el Bar Marcano, también muchos años. El Bar Gimnástica, con José Mari siempre detrás de esa barra inaccesible para los chavales. ¡Qué altura! Mi padre, cuando hablaba de ese local, siempre mentaba su merluza rellena. El Bar Marbella. Su dueño, aún lo recuerdo, se parecía mucho a James Stewart. Siempre tenía la máquina de petacos más moderna; hoy en día se diría que era de cinco dígitos... Y el Galarza. Daba igual que te casaras, que te jubilaras, que te fueras a vivir a otro sitio. Tu despedida iba a ser en el Galarza.

La Villa de Santillana. La Villa. El olor de esos pollos es irrenunciable. Ni se olvida, ni se quiere olvidar. Y La Gloria, el Hostal; tránsito de viajantes, maletas y muestrarios. Comercio de otra época. De aquella.
Y las tiendas... La Panadería Pando, richis y pan de brillo. ¿Por qué en mi casa no se compraba pan de brillo? Los piensos de mesones. Olor seco, Castilla desde la puerta. Una peluquería junto al Marbella, y otra enfrente de la Farmacia: Celedonio Mantecón. Los futbolines de Fonta: ¡Jefe! ¡La bola! ¡Que se me ha "trabaooo"! Horas de futbolín, de billar, de máquina de petacos; y a última hora, de matar marcianos; pobres marcianos!

Librería Lisan, olor a comienzo de curso y a forro. La mercería de Pachi y la colchonería de Jubete. Más peluqueros: Marañón. La consulta del Doctor Becerro; sabiduría de médico de asalariados. Confitería Vega, Viuda de Eulogio Sánchez, Muebles Argüello, Muebles Saíz Pardo y su "patio". Otro Celedonio: el ebanista de Saíz Pardo. Siempre peleando con nosotros. Y los perros del Sr. Bolado. Olor a setter y a humedad de madera mojada. De barniz y de setter.

Olor a alcohol de practicante y cera de depiladora. Ahora les llama esteticien. Pepe Piñeiro y Yoli. Garaje de Viota, Ignacio Palacios y Garaje Nereo. La "Cope" de Solvay. Aceite a granel y buenas bacaladas de Dios sabe donde...
Recuerdos de mi barrio. Recuerdos de mi infancia.