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La mía que no me la toquen...

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abascal
Daba igual no llevar dinero.

Cada familia, tenía su tienda. Su farmacia, su Confitería, su Panadería, incluso su Mercería. Curioso. Y es que la mejor, sin duda, era la de mi familia.

En la foto, el edificio que albergó y alberga la Farmacia de Mi Familia. La Farmacia de Abascal. Han pasado ya muchos años; al menos los que van desde la llegada de mi uso de razón hasta esta tarde, y aún es el día que si por motivos puramente logísticos tengo que hacer "mi pedido" (lo siento, con 50 años uno está ya caduco) de medicinas en otra farmacia, prefiero que no me vean; me parece que les estoy engañando y traicionando. Y es que lo que une a un torrelaveguense con su farmacia, con la de su familia, tiene mucho que ver con nexos universales y etéreos. Porque ellos sabían lo que te pasaba, lo que te venía bien, lo que te daba alergia. Eran la extensión perfecta de tu médico de cabecera. Ninguno de los dos sin el otro. Guardaban alguno de tus secretos íntimos, y solo con un gesto de tu cara, sabían lo que necesitabas, y que lo que querías era "eso" que no se debe pronunciar en alto...

Los sonidos del silencio

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CuchiaTorreSon las cinco. He hecho la digestión, y me puedo bañar. Sucesión lógica de acontecimientos. Conductismo primitivo de Paulov.

La vida se compone de muchos recuerdos y muchas sensaciones, pero para las personas especialmente nostálgicas, los olores y los sonidos constituyen la principal fuente de evocación de recuerdos mucho más complejos que los puros sentidos en sí mismos.
Cuando cuarenta años después, crees oír la detonación de la cantera de Cuchía, te despojarías de inmediato de tu camiseta y "al agua !"... Aquel sonido es un ejemplo de pura evocación. Hoy vamos a hablar de los sonidos de nuestra infancia.

Quienes seguís estos humildes relatos, sabéis que mi barrio fue el de Cuatro Caminos (actualmente Quebrantada), dicho lo cual, y me entenderán quienes fueron vecinos míos, el primer sonido que recuerdas en tu vida no es sino el cambio de tercera a segunda que hacían los camiones a la altura del Garaje Nereo, para reducir su velocidad antes del cruce. Era la combinación perfecta entre el sonido intenso, la tierra temblando, y los cristales a punto de estallar. Y así cada vez que un camión se disponía a pararse en el cruce, lo cual entonces, sucedía no menos de mil veces diarias; probablemente ciento cincuenta por las noches.

Más tarde, a las ocho en punto, otra cita insalvable: la sirena de La General, que se repetía a las doce, a las dos y a las seis de la tarde, intercalándose con las campanas de la Virgen Grande, fieles a sus horas, sus cuartos, sus medias.

Es curioso como este tipo de sonidos llegan a formar parte tan estrechamente de nuestras vidas, que llega un momento en que no los oyes. Honrosamente a su peculiaridad, el de los camiones nunca llegó a formar parte de mi vida. Ni de mis sueños.

Otro sonido que recuerdo con especial nostalgia, era el de las gradas del Malecón cuando ibas a "la parte de atrás" a hacer pis, y había una jugada de peligro. No me pidáis que describa los sonidos, pero era un murmullo tan peculiar, que absolutamente diferenciaba si la jugada era de ataque o de peligro para la Gimnástica. En aquellos domingos, también evocaría las notas del himno del Club, y como no, alguno de los anuncios que se oían por aquella megafonía, recordando empresas tan propias como el Horno San José, Estrada Butano, o Automóviles Quintiliano y Pelayo.

Los silbatos de los guardias, y necesariamente volvemos a Cuatro Caminos, formaban parte de la vida cotidiana de la ciudad. Quiero recordar que en aquellos años, en las autoescuelas se enseñaba un código de frecuencias e intensidad de soplidos de aquellos silbatos, que representaba indicaciones sobre cómo los conductores debían comportarse en la circulación. Entonces el silbato del guardia era una alarma de respeto, probablemente más convincente que la porra que colgaba de su cinturón.

La época de la transición nos trajo, especialmente en campaña electoral, otro sinfín de sonidos peculiares, incluyendo los famosos "...el pueblo, unido...", "...habla pueblo, habla..." o "La Internacional". Cuarenta años después, la nostalgia se viene reproduciendo en los últimos tiempos, mostrándose cada vez menos extemporánea.

En su día hablamos también de las Ferias, y el "caos acústico" que mezclaba al hombre de la Tómbola de los Jamones, con la sirena de El Caspolino, y con el último éxito de Camilo Sesto. Ese caos, se iba haciendo patente y evolucionaba con la edad. Nosotros no nos dábamos cuenta y nos parecía maravilloso; a nuestros padres se les hacía cada vez más complicado pasar una tarde en las barracas, y para nuestros abuelos era ya prácticamente imposible soportarlo. Nos daban la paga, y hala... disfruta, nieto, disfruta...

No obstante todo lo anterior, no podría acabar este relato, sin recordar con fervor y emoción, la sensación que provocaba en todos el timbre del colegio cuando anunciaba con toda su intensidad, la hora del recreo, la de la salida de la mañana y la de la tarde. Y entre tanto timbre, el del viernes por la tarde, que daba paso al maravilloso fin de semana. Y la eterna pregunta: cómo es posible que siendo el mismo timbre, la misma intensidad y frecuencia, las llamadas para entrar a clase y para volver del recreo, fueran tan distintas...

Pero, ya queda poco, y enseguida, a las cinco, la sirena de Cuchía anunciará la voladura de la tarde, y nos podremos bañar...

Las Escuelas del Oeste

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La fotografía del Boulevard en la anterior entrega, era fantástica, pero la de hoy, la de Las Escuelas Del Oeste, es inesperada de verdad. Porque este es el Colegio Cervantes cuando empezó a ser "Las Escuelas del Oeste".

No sé hasta cuando, pero los niños del 62 fuimos a Las Escuelas del Oeste. Luego, más tarde, fue el Colegio Cervantes. No tengo muchos recuerdos de la escuela, pero sí sé que antes los colegios públicos eran "escuelas" y los colegios privados, eran "colegios". Atención al matiz, tan de actualidad hoy en día.

La lata de los botones

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Colacao
Este Título no es sincero.

En cada casa, la lata de los botones no era en realidad tal, sino que era una lata de Colacao. En otras era la de la costura, o la de las fotos, incluso la de las medicinas. Pero lo que es cierto es que las latas de Colacao formaban parte del paisaje de nuestras casas.

Entonces, había ciertos productos que podían considerarse como incuestionables; y el Colacao era uno de ellos. Posteriormente, llegaron los paquetes de cacao que decían "puro", como el Cacao AMA, al que había que echarle azúcar y además se deshacía muy mal. Y es que el Colacao era perfecto. Creo que todos tenemos esa imagen en la que estábamos desayunando cada mañana, con esa sensación de estar destemplado de las jornadas escolares del invierno, enfrente del "tazón de sopas", y viendo los dibujos de la lata. La señora de la lata de la fotografía que adjunto, era la madre ideal; sin duda. Otras veces eran unos "negritos" que porteaban el cacao. Quizá hoy en día, la ilustración de aquella lata hubiera sido objeto de tertulia radiofónica por su componente poco tolerante, con ciertos toques racistas.

El "Pegamento Imedio" y el "Supergen", eran otros de esos productos incuestionables. La disquisición únicamente se planteaba entre qué es lo que necesitabas pegar, pero los productos era únicos. Se trataba de una situación monopolística pero involuntaria. Me explico: "... es que no había más..."

El material escolar, entonces conocido como "lo-que-ha-bía-que-lle-var-al-co-le", era otro ejemplo claro. Los bolígrafos eran BIC pero aún no eran como los de ahora. Eran Bic de caperucha y escribían de maravilla. Los lapiceros eran entonces "los lápices" y no tenían marca; simplemente los había duros y blandos. Las gomas no tenían discusión: tenían que ser de MILÁN, y la opción era solo la del color, aunque en cierto momento salieron al mercado unas muy grandes que no se compraban; las traían Los Reyes. Sin duda, el día que hablemos de los olores, volveremos a hablar de las gomas que llamábamos "de nata".

¿Y las pinturas? No le deis vuelta. Solo había las cajas de Alpino; ni ceras, ni rotuladores... solo pinturas. La discusión en este caso, era si la caja de 6, que era la que incluía el presupuesto familiar; la de 12, que era la que traían Los Reyes también; o la de 24, que era la del regalo de la Comunión donde iban metidas en una maravillosa caja de hojalata perfectamente ilustrada con su dibujo del paisaje alpino. A todas ellas les daba la vida el sacapuntas; el del presupuesto familiar de plástico, y el de Reyes metálico. En la Comunión, podía haber uno de esos de los que tenían un depósito de virutas.

Las medicinas también formaban parte del paisaje de cada casa. En la mía, el paquete de "optalidón" estaba siempre presente. Mi abuelo no empezaba el día si no se tomaba dos optalidones; otros necesitaba dos orujos, y creo que el proceso fisiológico no era muy distinto. No se conocía ni el Ibuprofeno, ni el Paracetamol. Solo el ácido acetil salicílico... coño! La Aspirina! Y era genial; valía para todo.

Los jarabes también tenían su apartado especial. Recuerdo el Rinomicine, que aunque no valía para todo, lo hacía para mucho porque lo que tenías era catarro, sin distinguir las vías altas o las bajas, porque entonces las vías no eran más que un sitio donde se iba a jugar.

El Rinomicine sabía a diablos, y quizá por eso evolucionó en Rinomicine Gragéas. Buscando la evolución también, llegó el Bisolvón, al que intentaron darle una imagen de néctar de cerezas, que no... que no funcionó, porque también sabía a diablos.

Pero todas las medicinas valían con tal de que no tuviera que venir Sellers... "El Practicante". Esperando en la cama a que sonara el timbre de la puerta, sumido en la peor de las angustias, oías como tus padres le saludaban e iban directamente a la cocina; a hervir las jeringuillas y las agujas. Eran tus últimos minutos de reposo. Pronto El Practicante, caminaría por el pasillo en busca de "tu culo" sin compasión alguna. Llegaba precedido del olor a alcohol, "de 96, de lo de las inyecciones"... qué horror!!!!

También recuerdo lo útil que resultaba la bombilla de la lámpara de la mesilla, para alargar los días de cama y evitar el cole; pero con cuidado, "que revienta"... Lo que nunca sabré es si el doctor Becerro y mi madre se lo creían, o realmente "colaba" la estrategia. Pero los años pasan, la vida sigue, y ni el doctor Becerro me lo puede confirmar, ni mi madre nunca me lo dijo. Solo recuerdo, que fue mi primer contacto con "la corrupción", entendida como tal...

El Boulevard

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Es la mejor foto de todas. Lo sé.

Lo sé porque la publiqué en mi Facebook y tuvo mucho tirón. Quizá el Boulevard, sea el rincón de Torrelavega que más ha cambiado en los tiempos modernos, y también el que más personalidad ha perdido. Tenía mucho que perder.

Me gusta esa foto porque expresa frescura. La frescura de sus árboles. Esos días de verano de Torrelavega, días de sur, de los que pasan de 30. No hay muchos, pero los que somos de Torrelavega sabemos cómo son esos días. Y recordamos perfectamente como corría el aire en el Boulevard, debajo de sus plátanos. Podríamos hablar la página entera de aquellos plátanos. A los mayores les gustaba su sombra. El ruido de sus ramas y sus hojas. La cita anual de la poda. El boulevard se quedaba desnudo, con la vergüenza de la desnudez pueril en la consulta del médico. Una desnudez imprescindible para seguir creciendo.

"Vamos a la cama..."

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TelerinesSigo sin entender cómo funciona la televisión...

Prácticamente nacimos con ella, y si ahora hacemos el ejercicio de comparar la primera vez que nos asomamos a aquella ventana y lo que vimos, con nuestra relación actual con este electrodoméstico, observaremos que quizá sea de las cosas que más han evolucionado en los últimos años, y lamentablemente, no a mejor.

No obstante, a mí me gusta la tele. Sé que no se la debe llamar así, pero si vamos a hablar de la relación que mantuvimos con ella en nuestra infancia, necesariamente la tenemos que llamar "la tele".

Claro, no se podía concebir el sentarse a ver la tele, sin el pan con chocolate en la mano. Eran dos rituales indisolubles. Entonces no había canales infantiles; había programas infantiles. Lógico, porque no había canales; había programas. Al principio, el hombre solo creó la TVE, y solo unos años después, tuvimos dos cadenas: la TVE (o la primera) y el UHF, que era un coñazo... Tampoco había tele todo el día. Por la noche, después del "parte" sonaba el himno nacional y terminaba la programación. Al principio, el hombre creó una emisión de televisión que no volvía a emitir hasta las tres de la tarde; nuevamente con el "parte". Más tarde, comenzaba a mediodía con unas clases de la Universidad a Distancia, y solo después de años, y aún cuando nadie se imaginaba que llegaría la tele en color, comenzaba a primera hora de la mañana. Como no... entre día y día, estaba la Carta de Ajuste. Me gustaría que me explicaran porqué aquellas formas y dibujos.

Quizá el emblema de mi generación eran los Chiripitiflaúticos, con Locomotoro (...acércate gordito...acércate...), Valentina, el Capitán Tan (...a lo largo y ancho de este mundo...), y el Tío Aquiles. Solo en una segunda temporada se incorporaron los Hermanos Malasombra, y en una tercera Barullo (nombre éste, que puse a mi primer hámster; evidentemente por su color).

Un recuerdo insalvable: Los Telerines. Son quienes ilustran este relato. No cabe duda de que, al menos en mí casa, cumplían su función (o eso creo). "Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana, podamos trabajar..." Sería magnífico hoy en día, que el poder trabajar al día siguiente, dependiera solamente de la hora de acostarse.

Los programas infantiles se sucedieron uno tras otro: "La Casa del Reloj" con la ausente María Luisa Seco, Marta, Popi y Manzanillo... Y después una nueva generación con "Barrio Sésamo" y Espinete.

También fueron importantes los telefilmes de entretenimiento: "Bonanza", "Los dos mosqueteros" (Annibal Heis y Kid Kerry), "Lassie", "Rintintín", y más recientemente "La Casa de la Pradera" con Michael Landon, otro ausente.

Otros telefilmes nos tenían aterrorizados: "Viaje al fondo del mar", "La Familia Adams" y en la producción nacional, "Historias para no dormir", fruto del Gran Chicho Ibáñez Serrador, que marcó una época en televisión con el "Un dos tres...", sus supertacañones (Valentín Tormos, las Hermanas Hurtado), su Gran Kiko Legard, Mayra Gómez Kemp, y unos de nuestros mitos adolescentes: "La Bombi"... "Por qué seraaaaaa...? La calabaza Ruperta, y por encima de todo... ¡¡¡ El Coche !!!, joe... ¡¡¡ un 124 !!! ... casi nada...

También había programas insoportables, y al frente de todos ellos, en mi recuerdo, "Por Tierra, Mar y Aire" del que solo recuerdo que al presentador le faltaba algún dedo de la mano, con lo que entonces para mí este programa estaba en el listado de los que aterrorizaban.

Tampoco nos gustaba demasiado "Estudio Uno", donde actores de la talla de José Bódalo, Tomás Blanco, Luis Varela, o las hermanas Gutiérrez Cava, perdidos en la tristeza del Blanco y Negro, se hartaban a aburrirnos cada Lunes por la noche. Aunque hubo una obra que me impactó: "Doce Hombres sin Piedad". La verdad, no sé por qué, pero me impactó.

¿ Y el partido televisado ? Los domingos, a las ocho, cuando el lunes comenzaba a caérsenos encima, y la "fiebre inventada" empezaba a ocupar nuestro organismo... Había que volver al colegio...

Luego llegó el color. Gila siempre decía que la tele en color funcionaba sobre el principio de abrir la ventana y dar brochazos al aire. No seria muy distinto. La tele fue para nuestra generación, realmente una ventana.

La tele se apoderó tanto de nuestras vidas, y se interiorizó de tal manera, que yo llegué a oír a mi abuelo decir cuando llegó la tele en color, que era absurdo comprarla (mi abuelo era un rácano), que él veía la vida en blanco y negro... Acojonante...

Y con Naranjito, en 1982, nació la nueva televisión y el vídeo; de los que ya hablaremos...

La Plaza Mayor

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Plaza-Mayor-antigua

Si a alguien le preguntaran cual es el centro de Torrelavega, nunca dudaría en decir que la Plaza Mayor. Tan claro, como la Puerta del Sol. Además, tampoco sería descartable considerarla como el kilómetro cero de Cantabria.

Pero la Plaza Mayor era mucho más que eso. Jugar al balón con 10 años, robar un beso con 15, quedar con los amigos con 20, pasear a tus hijos con 30, manifestarte a los 40, escuchar a nuestra Banda Municipal a los 50, y tomar el sol a la jubilación... La Plaza Mayor tiene repertorio para todos.

Llegó el verano...

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Suancesplaya
Mucho disfrutábamos en la playa para soportar el trayecto en autobús desde Torrelavega a Suances. Era un infierno.

Solo había dos soluciones: la Pista Río o la Playa de La Concha en Suances. Yo era de los de la playa. De la playa de La Concha y con respeto a la resaca y a la bandera. La de los Locos, entonces, era solo para los locos.

La temporada de playa empezaba con una quemadura "del uno". Daba igual lo que te dijera tu madre, daba igual lo que sufriste el año anterior, daba igual lo que te contó un amigo. El verano empezaba con una quemadura; y detrás de ella, el vinagre, el aceite, la sofisticada Nivea, y más tarde el AfterSun. Aquella noche sufrías, la siguiente un poco más, y a partir del tercer día la mejoría era definitiva. Digamos que era un peaje para circular por el verano. Por supuesto, para que una quemadura del sol tuviera un cierto prestigio, era imprescindible que la espalda se pelara.

Las Ferias

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Todo el mundo creía que las Ferias empezaban cuando comenzaban las Fiestas, es decir: la víspera de La Patrona. Pero no...

Para nosotros, los niños, las Ferias empezaban cuando llegaba el primer camión con piezas de las atracciones; un caballito, una cesta de la noria, una cartolilla de los coches de choque... Daba igual. Habían llegado las Ferias. En Bilbao, mis abuelos las llamaban "las barracas", y en muchos otros sitios "los cacharritos"...

Ese era el primer paso. Acercarse a La Llama para ver como montaban las atracciones, y más especialmente, los coches de choque. Además de ser una atracción divertida, nos hacía soñar que ya éramos conductores... "como mi padre..." Ponían los tacos de madera, las traviesas, y toda la pista. Ya luego los pilares, ya estructura y el toldo. Se arrimaba la caravana, y entonces ya, aparecían los coches, tan maravillosos. Entre ellos, el nº 5... era el que más corría, sin duda. Sin la misma duda de que ahora mismo, yo solo, sería capaz de montar aquella pista.

Y así, desde la semana anterior, iban creciendo las atracciones. Era como si aparecieran por generación espontánea. La Plaza de La Llama se iba llenando de atracciones, y el viernes, antes del día de la Patrona, estaba ya todo listo.

¡Que llega La Vuelta a España!

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LaVuelta
No hay duda. Lo mejor era que no había colegio...

Era un día especial. Al igual que cuando recordábamos las Ferias sentíamos como empezaban antes de la fecha, la llegada de La Vuelta a España era igual. El día anterior, llegaban los camiones con las vallas, con las pancartas, con "la propaganda"... magnífico.
No sé qué tenía de especial, pero la llegada de La Vuelta a España (entonces se llamaba así; lo de "La Vuelta" es un invento moderno) era un momento especial del año. La ciudad se transformaba y parecía no existir otra cosa para nadie. ¡Fuera coches!

Era fundamental conocer el recorrido para elegir el mejor sitio para verla. En cierto modo, se parecía a La Cabalgata de Reyes. Pero daba igual: el paso de La Vuelta a España era uno de los grandes acontecimientos del año, pero... ¡Caray!, era el más efímero... Nunca quedábamos satisfechos. Tan efímero, que analizado fríamente, el paso era lo que menos importaba.

Gustaban los preparativos. Los helicópteros que ya se oían un rato antes y anunciaban que "los corredores" ya estaban cerca. Motos de policía con luces... muy rápidas... ¡Qué chulos los policías! No me extraña, qué suerte tienen...

Coches, furgonetas y más motos. Un alud de publicidad pasando por delante a un ritmo frenético. Dónde están aquellas marcas: Licor Karpi, Kas, Reynolds, Bic, Ferrys, Condor, Festina, Caja Rural, La Casera, Molteni... "Vienen dos escapados... mejor, así se alarga el pelotón..." Un instante y ya está. Más coches, más motos, más propaganda... y el coche escoba. Se acabó.

"No, no... vamos a la Sniace, que allí es la llegada y están los equipos. Dicen en la radio que ganó Pellman al sprint. ¡Coño! Se le va a complicar a Ocaña..."

En Torrelavega, aunque muchos no lo crean o no lo recuerden, vivimos un duelo contra el reloj, entre Luis Ocaña y Eddy Merckx. Fue el 11 de Mayo de 1973 y se decantó a favor del Belga, apodado "El Ogro de Tervueren". En aquella vuelta solo hubo 3 líderes: Merckx, que la ganó, Karstens, y Pesarrodona, que estuvo de líder nueve etapas.

Entonces comenzaba a despuntar el malogrado Santisteban. Torrelavega había visto rodar por sus calles a grandes ciclistas en la historia: Vicente Trueba, Martín Piñera, Óscar Freire, y más recientemente Juanjo Cobo, que aunque criado y residente en Cabezón de la Sal, nació en Torrelavega. Torrelavega era también, una de las pocas ciudades de España con un velódromo.

Enseguida llegamos a la Sniace. Los helicópteros en lo alto. Bocinas, claxons, megáfonos... bullicio de La Vuelta a España. Fantástico recuerdo de aquellas viseras que nada más eran un cartón con una goma en unos agujerillos que enseguida se rompían. Magnífico el recuerdo de los pequeños botellines de Cola Cao. Los sobres con aquellos ciclistas que posaban sobre una base, y avanzaban a golpe de tibio empujón para que no se cayeran...

Y poder ver a los ciclistas de cerca. Eran auténticos ídolos. "Duermen en el Terio; hay que ir a verlos llegar..." o "mañana, cuando salgan a calentar..." Sin lujos y con humildad desde el esfuerzo. El Hostal Terio, La Gloria y el Saja, se llevaban la palma... Pensar que aquella noche, los ciclistas dormían en Torrelavega, era una sensación especial de verdad.

Y no había "cole". Y esa era la prueba más evidente de la importancia de la llegada de La Vuelta a España. Al día siguiente, nos dejaban salir a la acera del Aquilino, para ver la "salida neutralizada", y ahí sí que se les veía bien. Incluso hacían bromas; era entonces cuando nos dábamos cuenta de que a pesar de todo, "los ciclistas" eran mortales...

Cuatro Caminos II

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cuatro-caminos-2

En la anterior entrega, recorrimos los recuerdos más próximos al cruce de "Cuatro Caminos"; hoy vamos a revivir sus alrededores, lo que actualmente se ha dado en llamar Barrio de Quebrantada.

Sin embargo, nuestro relato de hoy parte recordando el punto absolutamente central del Barrio de Cuatro Caminos, que no es otro sino el "semaforillo" que colgaba en el centro del cruce sustentado por cuatro cables, que en diagonal, señalaban irremisiblemente la posición del "Guardia de Cuatro Caminos". Horas de Ángel Quintanilla, bailando el tráfico de la ciudad... Era un semáforo tan humilde que solo tenía un color y tan humano, que su único aviso era un parpadeo. Alguien me cuenta que, siendo Acalde Javier Marcano, decidió eliminar ese semáforo como prueba irrefutable del salto de ese cruce a su nueva vida. Con la entrada en funcionamiento de la circunvalación de Torrelavega y la del Boulevard Ronda, Cuatro Caminos dejó de ser irremediable, para pasar a ser una zona de tránsito tan vulgar como razonable y moderna. Casi del siglo XXI...

"Y el toro dijo al morir..."

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Facundo
Sabores... a fresa... a menta... a pipas...

De nuestra vida, formaban parte los barrios y los colegios, los amigos y los juegos, y... Las Golosinas (obsérvese cómo el autor lo escribe con mayúsculas).

No, no, no... las chuches no. Las Golosinas (obsérvese cómo el autor lo escribe en negrita).

La referencia: la peseta. Todo entonces era "a peseta" o como mucho, "por una peseta te dan tres!". Alguna vez en el Colegio, nos enseñaron la diferencia entre valor de uso y valor de cambio. Las Golosinas eran el ejemplo. Por lo que nos daban a cambio, Las Golosinas eran muy baratas, porque con una "propinilla" que alguien te diera, llenabas el bolsillo.

Cuatro Caminos

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Desde que mi amigo Guillermo me propuso depositar su confianza en mí para acompañarle en la aventura del portal "hoytorrelavega", estuve pensando cual sería la primera fotografía que iba a acompañar nuestro debut.
Para ello, pensamos detenidamente qué era lo que nos proponíamos con esta sección. Solamente sabiendo dónde quiere uno llegar, podemos determinar de dónde debemos salir. Lo teníamos claro. Queremos una sección nostálgica, que no histórica. No vamos a pretender aportar datos y más datos históricos que están en los libros a disposición de interesados y eruditos. Colocaremos una fotografía en el monitor de nuestros seguidores, e intentaremos, con unas líneas, estimular sus recuerdos. Sonidos, olores, personas, anécdotas... años de juventud, de bailes, de bromas, de tardes de fútbol, de bolera, de colegio...

"Pico, zorro, zaina"

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PicoZorroZaina
Ni idea...

No tengo ni idea de por qué ese juego se llamaba así, ni por qué cada una de las figuras se expresaba de la manera que se hacía. Incluso he intentado investigar en internet, y por primera vez, la red me ha dejado solo.

Atiendo a peticiones de todos mis amigos: "habla sobre los juegos, por favor, habla sobre los juegos..." ¡Ea! Vamos a recordar aquellos ratos de colegio (o de escuela, véase la entrega anterior) en lo que lo importante era pasar el rato.