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"Vamos a la cama..."

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Telerines

Sigo sin entender cómo funciona la televisión...

Prácticamente nacimos con ella, y si ahora hacemos el ejercicio de comparar la primera vez que nos asomamos a aquella ventana y lo que vimos, con nuestra relación actual con este electrodoméstico, observaremos que quizá sea de las cosas que más han evolucionado en los últimos años, y lamentablemente, no a mejor.

No obstante, a mí me gusta la tele. Sé que no se la debe llamar así, pero si vamos a hablar de la relación que mantuvimos con ella en nuestra infancia, necesariamente la tenemos que llamar "la tele".

Claro, no se podía concebir el sentarse a ver la tele, sin el pan con chocolate en la mano. Eran dos rituales indisolubles. Entonces no había canales infantiles; había programas infantiles. Lógico, porque no había canales; había programas. Al principio, el hombre solo creó la TVE, y solo unos años después, tuvimos dos cadenas: la TVE (o la primera) y el UHF, que era un coñazo... Tampoco había tele todo el día. Por la noche, después del "parte" sonaba el himno nacional y terminaba la programación. Al principio, el hombre creó una emisión de televisión que no volvía a emitir hasta las tres de la tarde; nuevamente con el "parte". Más tarde, comenzaba a mediodía con unas clases de la Universidad a Distancia, y solo después de años, y aún cuando nadie se imaginaba que llegaría la tele en color, comenzaba a primera hora de la mañana. Como no... entre día y día, estaba la Carta de Ajuste. Me gustaría que me explicaran porqué aquellas formas y dibujos.

Quizá el emblema de mi generación eran los Chiripitiflaúticos, con Locomotoro (...acércate gordito...acércate...), Valentina, el Capitán Tan (...a lo largo y ancho de este mundo...), y el Tío Aquiles. Solo en una segunda temporada se incorporaron los Hermanos Malasombra, y en una tercera Barullo (nombre éste, que puse a mi primer hámster; evidentemente por su color).

Un recuerdo insalvable: Los Telerines. Son quienes ilustran este relato. No cabe duda de que, al menos en mí casa, cumplían su función (o eso creo). "Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana, podamos trabajar..." Sería magnífico hoy en día, que el poder trabajar al día siguiente, dependiera solamente de la hora de acostarse.

Los programas infantiles se sucedieron uno tras otro: "La Casa del Reloj" con la ausente María Luisa Seco, Marta, Popi y Manzanillo... Y después una nueva generación con "Barrio Sésamo" y Espinete.

También fueron importantes los telefilmes de entretenimiento: "Bonanza", "Los dos mosqueteros" (Annibal Heis y Kid Kerry), "Lassie", "Rintintín", y más recientemente "La Casa de la Pradera" con Michael Landon, otro ausente.

Otros telefilmes nos tenían aterrorizados: "Viaje al fondo del mar", "La Familia Adams" y en la producción nacional, "Historias para no dormir", fruto del Gran Chicho Ibáñez Serrador, que marcó una época en televisión con el "Un dos tres...", sus supertacañones (Valentín Tormos, las Hermanas Hurtado), su Gran Kiko Legard, Mayra Gómez Kemp, y unos de nuestros mitos adolescentes: "La Bombi"... "Por qué seraaaaaa...? La calabaza Ruperta, y por encima de todo... ¡¡¡ El Coche !!!, joe... ¡¡¡ un 124 !!! ... casi nada...

También había programas insoportables, y al frente de todos ellos, en mi recuerdo, "Por Tierra, Mar y Aire" del que solo recuerdo que al presentador le faltaba algún dedo de la mano, con lo que entonces para mí este programa estaba en el listado de los que aterrorizaban.

Tampoco nos gustaba demasiado "Estudio Uno", donde actores de la talla de José Bódalo, Tomás Blanco, Luis Varela, o las hermanas Gutiérrez Cava, perdidos en la tristeza del Blanco y Negro, se hartaban a aburrirnos cada Lunes por la noche. Aunque hubo una obra que me impactó: "Doce Hombres sin Piedad". La verdad, no sé por qué, pero me impactó.

¿ Y el partido televisado ? Los domingos, a las ocho, cuando el lunes comenzaba a caérsenos encima, y la "fiebre inventada" empezaba a ocupar nuestro organismo... Había que volver al colegio...

Luego llegó el color. Gila siempre decía que la tele en color funcionaba sobre el principio de abrir la ventana y dar brochazos al aire. No seria muy distinto. La tele fue para nuestra generación, realmente una ventana.

La tele se apoderó tanto de nuestras vidas, y se interiorizó de tal manera, que yo llegué a oír a mi abuelo decir cuando llegó la tele en color, que era absurdo comprarla (mi abuelo era un rácano), que él veía la vida en blanco y negro... Acojonante...

Y con Naranjito, en 1982, nació la nueva televisión y el vídeo; de los que ya hablaremos...