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Hace a los niños gigantes

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Yogur


Fue el guiño de los productos lácteos a las nuevas generaciones. "La Leche Collantes, hace a los niños gigantes".

Lo prometí en la entrega de Diciembre, y aquí estamos. Después de ver que es lo "que había", ahora vamos a reflexionar sobre "lo que no había"; y lo que no había era mucho.

Dicen que estas generaciones son mucho más altas que lo que éramos nosotros, y la creencia popular opina, sin duda, que los yogures han sido quienes lo han fomentado. De ahí el motivo de la foto que ilustra la entrega. A lo más que llegamos, fue a oír que existía un electrodoméstico que se llamaba "yogurtera", pero que a mi casa no llegó. Tampoco me importa. No soy un fanático de los yogures, por un argumento tan fácil, como que se pueden comer caducados (dice el ministro), y es que el yogurt es ya un producto caducado, porque para mí, es leche... "estropeada"... Comparto muchas cosas con D. Carlos Herrera, pero el poco cariño hacia los yogures, es una de ellas.

La sofisticación, alcanzó su punto álgido, cuando aparecieron en las estanterías del súper, los Petit Suisse, precursores sin duda de lo que el concepto miniatura ha supuesto para la "Nueva Cocina".

Tampoco había pechuga de pollo; había "pollo" y nada más. El pollo se comía los domingos, asado, y era una comida de las grandes. Ahora es un alimento de régimen; eso sí, sólo si come en un comedero. Si come picando el suelo, entonces es un manjar. Pienso o maíz.

No hablemos del cerdo. Cuántas zonas de su cuerpo tenía el cerdo y no conocíamos. Es un proceso parecido al de cuando cumples cincuenta años, y empiezas a detectar partes de tu cuerpo en las que nunca te habías fijado. Eso sí, te percatas, bien porque se caen, o bien porque duelen cuando antes no lo hacían. Pues al cerdo, en los últimos años le ha salido "pluma", aunque lo tenía guardado en "secreto", no fuera que se lo comiera alguna maldita "presa". La pluma, la presa y el secreto ibérico, se han instalado en las mejores cartas y menús de nuestros restaurantes. Y yo me pregunto: ¿Dónde estuvieron hasta ahora? Los lebaniegos, listos como ajos, y sin contárselo a nadie, los llamaban "chumarros"... quizá de ahí, vino la denominación de "secreto".

Del cerdo también, descubrimos una cosa, y es que hay dos tipos de jamón: el serrano, y el ibérico. En nuestra época, ibérica solo había una cosa: la península, y dentro de esa península, Jabugo aún no estaba en el mapa más que para sus habitantes. Mi hermano siempre recuerda como una gran metedura de pata, cuando una vez en la calle Betis, en Sevilla, le dijo al camarero: "...ponga usted una ración de jamón, pero del bueno eh? Que somos del norte...". Mi hermano, cuando lo cuenta, describe a la perfección los ojos de odio con que aquel camarero le miró...

Otros manjares se limitaron a cambiar de nombre y de compañías. El filete ruso, pasó de llamarse así, a llamarse "hamburguesa" (si, si... de Hamburgo). Y dejaron de pasear con las patatas fritas para hacerlo con una cuadrilla de lo más variopinto: lechuga, cebolla y tomate para ser completa, y queso, "beicon" y huevo frito, para ser especial. En Torrelavega hubo locales de culto para la hamburguesa, y entre todos, una mención de honor para "La Taberna de Flandes" en la Plaza Leonor de la Vega.

La transición del bocadillo al sándwich, y su resurrección en forma de "bocata", constituye otro hito de la época. Cuando era bocadillo, el chorizo, el salchichón, el jamón (serrano), y como mucho las anchoas (entonces "anchoillas") y sardinas de lata, eran los compañeros inseparables, y únicos. Con la llegada de los sándwiches, otra vez la lechuga, el tomate, el bonito, el huevo... cambio de tiempos, cambio de compañías... Pero, con la "movida" recuperó su papel bajo el pseudónimo de "bocata" y apareció el de lomo con queso, el de filete (al que llamaban pepito, como a mi pájaro), el de queso "brie" fundido y con "beicon". Influencias francesas y británicas entre pan y pan. Ahí se inició la globalización.

También cambiaron nuestros principios alimenticios, y hoy, tristemente hoy, mi desayuno estuvo compuesto por un vaso de leche desnatada, con Cola Cao "0", biscotes integrales sin sal y margarina baja en grasa vegetal con "omega 3" para controlar el colesterol. Y de todo ello, simplemente, poco... Conceptos como "cero", "light", "grasa saturada", "ecológico" o "bajo en algo" (da igual en qué), también son de antes de ayer.

Decían los filósofos existencialistas del siglo XIX, que el hombre es más feliz cuanta menos capacidad de elección tiene, y así las cosas, no cabe duda de que éramos felices, pero porque no sabíamos que existía otra vida. Pero era más cara...