Vie20102017

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Porque son Magos...

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Reyes


¿Cómo es posible que entren en todas las casas del mundo en una noche? Y nada... que no me puedo dormir...

Puestos a escribir de nostalgia de nuestra infancia, la Noche de Reyes se tiene que llevar la palma; sin duda.

Nunca llegaba el día, y además, cuando llegaba se marchaba muy rápido. Había que volver al "cole". La Noche de Reyes es sin duda una noche mágica llena de sensaciones tan intensas, que aunque los años las vayan borrando, algunas siempre permanecen. La mía era y sigue siendo, la de asomarme a la ventana y pensar que en todas las casas está sucediendo algo mágico.

 

Todo empezaba cuando a lo lejos, oías los primeros cohetes de la cabalgata. Aquello ya no tenía remedio. Desfilar de caballos y llover de caramelos. Papel de plata, espumillón, antorchas y caras pintadas. Y aquella majestuosidad de los trajes, los rizos y las barbas de aquellos hombres disfrazados de bondad, de generosidad y de esplendor; porque ese era su disfraz y no otro. Cómo era posible que aquellos Reyes Magos fueran capaces de clavar una mirada en cada niño, porque era así. Todos los niños se sienten mirados, se sienten únicos, y esa es la magia precisamente.

Un discurso muy básico; muy político. Al final es lo mismo, pero sin regalos... Te hartabas de garantizar que te habías portado bien, aunque en minuto y medio pasaran por tu mente los recuerdos de todas las faenas que hiciste en el año. Pero era mejor no pensar en esos episodios, porque Ellos, eran capaces de leer la mente y te ibas a descubrir...

Después a casa. La suerte estaba echada. Y en la cama, pensar y pensar. Éramos capaces de oírles cuando llegaban pero había que callar. Si te encontraban despierto no te dejarían nada. Al final, el santo sueño hacía su trabajo y caías derrotado. Ahora, que alguien me explique el magnífico mecanismo psíquico por el que éramos capaces de despertarnos a las cinco y media cuando a lo largo del año eso no volvía a suceder.

Entonces llegaban las máximas sensaciones. Recorrer aquel pasillo que en la Noche de Reyes era infinitamente más largo. Por los cristales de la puerta se vislumbraba la luz del árbol en la única noche en que nos acostábamos y dejábamos las luces encendidas. A sus pies, todo un espectáculo de cajas y paquetes, lazos, papel de regalo, peladillas, mazapanes, y tres copas de licor, ¡¡¡¡¡usadas!!!!! ELLOS habían estado allí, en mi casa, en mi salón...

No se podía hacer ruido porque despertabas a tus padres, y todo se torcía. Eran unas tres horas mágicas donde solo estabas tú, y la presencia de ELLOS. Tengo una sensación absolutamente íntima y próxima a los Reyes Magos. Una mezcla de sueño, frío, y sobre todo magia de la buena, de la inocente, de la que no tiene truco.

Tan fuertes eran aquellas sensaciones, que después de los años, ...taytantos después... sigo asomándome a la ventana, pensado qué harán en cada casa, y preguntándome en mi inocencia perdida, cómo es posible que lleguen a todas las casas.

Por eso este año, pido a quienes nos gobiernan, que todo lo que hagan, lo hagan para que de nuevo ELLOS lleguen a todas las casas. Y que no hagan magia, mejor no. Que lo que hagan, lo hagan pensando en el futuro; en el futuro de nuestros niños. Pero sin trucos...