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El Pozo Tremeo

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Son pocas las personas que conocen el único lago de origen natural de nuestra comarca. Para descubrirlo hay que acercarse hasta Rumoroso, en la localidad de Polanco, ayudándose de unos sencillos indicadores de madera que nos conducen a sus orillas desde la carretera local a su paso por el centro del Barrio. 

El Pozo Tremeo es una cubeta natural de unos 75 metros de larga por 60 de ancha cubierta por completo de agua aportada por varios manantiales y aguas de escorrentía que descienden del monte próximo. Nunca se le ha conocido seco y de él nace, gracias a un pequeño aliviadero, una pequeña pero permanente corriente que forma el arroyo Salín.

La laguna resulta bastante profunda, de unos 11 metros en su parte más honda, y a pesar de
estar formada por agua dulce, en su fondo se acumulan aguas cargadas de sales minerales
(alcalinas) que dan un sabor bastante salino a las de los niveles más bajos. Ésta y otras
características hacen que sobre el lago de Tremeo se hayan originado muchas leyendas en
la zona. Se sabe, además, que los habitantes de Rumoroso utilizaban este pozo para
prevenir el tiempo desde hace siglos, lanzando a sus aguas una pelota de turba de sus
orillas que anunciaba el tiempo venidero en función de la orilla hacia la que se dirigiera tan
peculiar amasijo de vegetación flotante.

Para tener una primera vista general del Pozo y su entorno lo mejor es iniciar el recorrido
entrando por el acceso norte, junto a la carretera, y que después de unos doscientos metros
asfaltados por entre los prados asciende a la izquierda de una casa hasta un pequeño rincón
que sirve de mirador del lago. Desde este lugar podemos ver cómo el Pozo se asienta en
una cubeta abrazada materialmente por las laderas del monte Valmoreda. En ciertas
épocas (sobre todo inicios y finales de invierno) éste es un excelente observatorio de aves
acuáticas que utilizan a laguna como punto de paso y reposo en sus migraciones.
Los pequeños manantiales que fluyen del monte alimentan el lago con sus aguas, y dado
que algunas de ellas aparecen fuertemente cargadas de sales, producen la peculiar mezcla
en la que las aguas salinas, más densas y ocupando el fondo del lago, han dado lugar a la
creencia popular de que el pozo se comunica bajo tierra con el mar.

Desde el mirador parte un camino que se adentra en el bosque bordeando por el monte todo
el lago, y que gracias a otros senderos igualmente señalizados nos permite acercarnos hasta
sus orillas descendiendo suavemente por el pintoresco bosquete que en algunos enclaves
casi recuerda por su aspecto a una pequeña selva tropical repleta de helechos.

Todos los caminos acabarán conduciéndonos a la salida del monte, en las inmediaciones de
la "casa de la cajiga" (una espléndida construcción del siglo XVI), desde donde podremos
acercarnos l cruce del segundo acceso para ganar la orilla occidental (llana y pantanosa)
siguiendo el pequeño arroyo aguas arriba -y pasando por una pasarela de madera- hasta el
encuentro con la gigantesca bolsa de agua, que admiraremos desde unas orillas de tierra
muy húmeda y turbosa que produce la sensación de temblor de tierra tan conocida por
todos quienes se acercan.

En esta inestabilidad del suelo ribereño del lago se encuentra la explicación de su nombre.
Tremeo -del latín "tremere", temblar- viene a significar precisamente tierra temblorosa o
movediza, característica que podemos sentir cuando nuestros pies parecen caminar sobre
una particular colchón de agua que se esconde bajo el suelo que pisamos.

Desde aquí podemos admirar, en mayor medida en primavera y verano, la espléndida flora
y vegetación que envuelve al lago, de denso bosque ribereño en sus orillas más umbrías y
repleta de cañaverales y altas herbáceas en su parte más llana y expuesta al sol. Y es que el
Pozo también destaca por albergar en sus aguas y en sus alrededores una enorme
biodiversidad, donde no faltan especies tan singulares como la orquídea de flores laxas, el
helecho de pantano, la platanaria, o el iris dorado en sus orillas, o las lentibularias y
espigas de agua flotando sobre sus aguas. Una abundante fauna entra la que se cuentan
criaturas tan raras y protegidas como la ranita de San Antonio, el tritón alpino, el pez
espinoso, el martín pescador, el musgaño patiblanco o el turón completa el tesoro de vida
que bulle en torno a este rincón, sin duda uno de los más bellos que puede ofrecernos
nuestra geografía comarcal.